martes, 17 de agosto de 2010

EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO

¿Cúal puede ser el tema de nuestro Tiempo? Para Ortega, estaba claro, desde su atalaya, observando el final del siglo XIX, y ante los acontecimientos de principios del XX, Ortega va más allá del arrebato del momento, mirando al futuro, desde el convulso presente que vive no solo la sociedad española, sino el mundo en general, viendo los cambios sociales que arrancan en los albores de XIX y traen la revolución industrial, Ortega se centra en las dos corrientes filosóficas que dan sustento hasta el momento al devenir de su tiempo. Racionalismo y relativismo, compiten en explicar y dar razón sobre la realidad. Mientras el primero plantea que el conocimiento sólo es posible si nos acercamos a él sin alterarlo, sin que nuestra "peculiaridad" deforme la realidad, sólo así podremos llegar a un conocimiento perfecto, abstracto y único en sí mismo, de tal forma que nosotros como sujetos del conocimiento, sólo podremos acceder, si nos dejamos traspasar cual cristal perfecto por la realidad.
El relativismo por el contrario plantea la imposibilidad de un conocimiento abstracto, trascendente y verdadero en sí mismo, ya que la realidad está siempre modelada, "deformada" por el sujeto que la contempla, siendo esta realidad la visión que cada sujeto percibe de ella.
Ortega aborda el problema del conocimiento poniendo en el centro del mismo al sujeto, al "yo" de cada uno, al observador de esa realidad. Dos sujetos, que desde su punto de vista observan una misma realidad, perciben cada uno una visión distinta, ninguno ve la totalidad de lo observado, ambos perciben matices distintos, y sin embargo la realidad está ahí. Ortega percibe que el acceso al conocimiento está intimamente unido al observador, y por lo tanto determinado por las circunstancias de éste. Es la perspectiva desde la que se observa la realidad, la que da valor, la que añade ese "plus" al conocimiento de la misma. Los matices que antaño hacían pensar a la filosofía, que la subjetividad del individuo daría lugar a realidades divergentes, y por lo tanto, falsas, en Ortega se unen, se complementan, de tal modo que todas las observaciones dan lugar a un conocimiento, que no por diferente, es divergente, más al contrario, para Ortega este conocimiento individual, sumado a todos los conocimientos individuales de una sociedad, dan lugar al conocimiento colectivo, a la "historia vital" de la sociedad.
Buscar el conocimiento en abstracto, ajeno a la realidad cambiante, a la perspectiva individual desde la que cada sujeto se acerca al mismo, es una utopía, es pensar que la realidad es ajena, externa a los sujetos que la viven, que actúan sobre ella y que la transforman. La única realidad que no existe, el único conocimiento que es inalcanzable, es aquel que por su esencia se aparta del "yo" personal, se abstrae del sujeto, y situándose en un supuesto plano "aseptico", "superior", en realidad no existe.
En síntesis. Para Ortega el "Tema de nuestro Tiempo", consiste en la supración, tanto del racionalismo como del relativismo, ya que ambos, buscando el conocimiento, yerran en lo fundamental, centrarse en el individuo como "punto de vista", sujeto y a la vez, objeto de ése conocimiento que pretendidamente buscan fuera de él. Hay que superar por tanto la modernidad, así como el idealismo, estar a la "altura de los tiempos", del nuestro: "Decir, pues, que nuestra época necesita, desea superar la modernidad y el idealismo, no es sino formular con palabras humildes y de aire pecador lo que con vocablos más nobles y graves sería decir que la superación del idealismo es la gran tarea inteletual, la alta misión histórica de nuestra época, "el tema de nuestro tiempo". Y al que pregunte malhumoradamente o con gesto desdeñoso ¿por qué nuestro tiempo ha de innovar, cambiar, superar?, ¿por qué ese afán, ese prurito de lo nuevo, de modificar, de hacer modas? ―como se ha dicho tantas veces contra mí- responderé que en ésta o la próxima lección vamos, con tanta sorpresa como evidencia, a descubrir que todo tiempo, rigorosamente hablando, tiene su tarea, su misión, su deber de innovación -más aún, mucho más aún- que literalmente hablando "tiempo no es, en última verdad, el que mide los relojes", sino que tiempo es ―repito literalmente― tarea, misión, innovación. Intentar la superación del idealismo es todo lo contrario que una frivolidad ―es aceptar el problema de nuestro tiempo, es aceptar nuestro destino. - José Ortega y Gasset, ¿Qué es filosofía? Lección IX - (Obras Completas, vol. VII, Alianza Editorial)".
En mi opinión, éste sigue siendo hoy nuestro Tema: superar el idealismo esta idea, esta filosofía va más allá del puro ejercicio intelectual. El racionalismo y la subjetividad, principos básicos de la modernidad, no son sólo cuestiones a debatir en tertulias, asuntos a tratar en las aulas, ambas corrientes impregnan los aspectos básicos y elementales de la sociedad, desde sus estructuras socio-económicas, hasta los ideales de la política, se asientan en ellos.
Superar la modernidad, la gran empresa que para Ortega estaba reservada a España, resulta aún hoy un reto inalcanzable. La posición de ventaja, generada por el escaso interés despertado en España por la modernidad, no ha sido aprovechada por las nuevas generaciones, más al contrario, éstas antes que afrontar el reto y lanzarse a superarlo, han sucumbido en sus garras.

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