miércoles, 22 de junio de 2011

¿Qué hacer con España?

Ahora mismo no tendríamos que estar hablando de la crisis, no por lo menos en el modo que lo hacemos. España, pese a nosotros mismos no es un pais de segunda fila, que tenga que estar en el punto de mira, no ya de los mercados financieros, ni siquiera de nuestro propio mercado interior. No es una cuestión de confianza, es una cuestión de aptitud.

De los treinta y dos años de ejercicio democrático, hemos padecido veintidós de gobiernos socialistas, y digo padecido, porque tanto con mayorías absolutas como sin ellas, todo su afán se ha puesto no ya en el desarrollo de políticas sociales, y afianzamiento del estado de bienestar (esa situación por la que la cada generación vive mejor que la anterior). Engolados de poder, han buscado, y aún hoy lo hacen, su auto promoción y provecho personal.

Esta situación ha sido posible porque, con toda la desfachatez de que un partido es capaz, han ido sentando las bases de generaciones a-críticas, incapaces de pensar de razonar por sí mismas, más allá de los postulados de un socialismo trasnochado, anclado en la realidad social anterior al año 36.

El plan "oculto", si es que tal plan ha existido, dentro del socialismo español, ha consistido, en "reeducar" a la juventud española. Las sucesivas leyes orgánicas promulgadas entre 1985 (LODE) Y 1990 (LOGSE), si bien trataban de adecuar la enseñanza obligatoria a los nuevos tiempos, en especial a la recién estrenada Constitución, no es menos que dejaron al arbitrio de las Comunidades Autónomas una parte importante del contenido educativo a impartir en las escuelas. Con en paso de los años, se ha visto que tanto los intentos de integración de las minorías (todas), como el modelo descentralizado, han dado lugar a una generación que desconoce profundamente la realidad que le rodea (la que va más allá de su pueblo, región o comunidad), que valora más su propia visión subjetiva del mundo que el análisis y la objetividad.

Jóvenes educados en las libertades y los derechos, sin saber muy bien en qué consisten estos. Jóvenes educados en una cultura del "todo vale", de la vida fácil, del "primun vivere..."

Muchos de estos jóvenes, algunos ya no lo son tanto, se encuentran ahora por primera vez que ese camino de rosas, esa vida fácil ha ternimado de repente. Su precario empleo, su vida familiar, cual castillo de naipes se desmorona con la primera ráfaga de viento de la gran crisis que nos rodea. De nada vale ahora exigir derechos, de nada valen ahora esas libertades, llega la hora en la que se prueban los hombres que realmente valen, llega el momento en que la diferencia la marca el esfuerzo, el trabajo bien hecho y la capacidad de regenerarse. No solo para esta generación que ya está pasando, sino para las futuras, las que hoy ya empiezan a ver el negro futuro, con derechos huecos y libertades vanas. Los unos y las otras, no se heredan, no nos vienen dadas cual la vida, derechos y libertades, se ganan en el ejercicio diario de la vida, afrontando con valentía los retos y superando con honor las dificultades y los problemas en los que nos vemos inmersos con sólo abrir los ojos cada mañana.

Es la hora de la juventud española: la que de verdad se esfuerza la que encara la vida con optimismo. La única que con valor, dejando atrás absurdas querellas y rencores, puede afrontar con ilusión el reto de reconstruir España, y desde España, una Europa realmente unida, no sólo en lo monetario, en lo social, sino también y para mí fundamental: en lo espiritual: España y Europa hunden sus raíces en la esencia del cristianismo, y sólo recuperando esta esencia habrá un futuro para todos.

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