lunes, 12 de septiembre de 2011

A D. HERMÓGENES: UN MAESTRO DE ANTES

Empezaré contando una pequeña historia familiar:
Correrían probablemente los años diez del pasado siglo, en un pequeño pueblecito de la provincia de Soria, el hijo de una humilde familia de labriegos, pasaba su infancia y primera juventud entre los libros de la escuela y el pastoreo de las ovejas en los montes comunales del pueblo. Un día el Maestro habló con los padres del chico y les dijo: “Este chaval ya sabe todo lo que yo le puedo enseñar, es una pena que quede en el pueblo, porque es muy inteligente, pero salvo que ingrese en el Seminario o se vaya a la Capital, aquí ya no tiene más que aprender”, con estas palabras u otras muy similares me contaban mi Abuela materna y mi Madre, cómo mi Abuelo con apenas unos quince años emigró a la Capital, el resto de la historia no viene ahora al caso, tan solo he introducido la parte en la que quiero apoyar la reflexión de hoy.
El maestro en cuestión tiene una sencilla placa en el pueblo de mi Abuelo, el cual tuve la suerte de visitar hace ya algunos años, en dicha placa dice: “RECUERDO DE ESTE VECINDARIO AL SEÑOR MAESTRO D. HERMÓGENES SANZ UCERO EN PRUEBA DE GRATITUD Y CARIÑO POR HABER EJERCIDO 41 AÑOS SU PROFESIÓN EN ESTE PUEBLO.”
Cuarenta y un años de profesión como maestro, día tras día, sin horarios, lidiando con niños de las más variadas edades, a los que había no sólo que educar, sino en muchos casos alimentar, guiar y como en el caso de mi Abuelo, orientar hacia un futuro con mayores perspectivas que las del pastoreo, un futuro incierto, en la Capital, la que por aquel entonces despertaba a la incipiente revolución industrial, la Capital de un reino venido a menos que se debatía entre la neutralidad de la Guerra y el recuerdo de las recientes pérdidas coloniales, una Capital, que para el jóven Juan, un chaval de un pueblo del interior de Castilla, se abría llena de posibilidades y también de peligros. Y a esto, D. Hermógenes dedicó toda una vida. Imagino, por cómo es hoy el pueblo, las condiciones que tendría a principios del pasado siglo, una vida dura donde seguramente compaginaría la enseñanza con alguna otra ocupación, era, no lo olvidemos una de las figuras de referencia en los pueblos de la España rural, junto al cura, el alcalde, y poco más.
Que diferente la figura de los maestros de antaño a la que hoy, con todo un siglo por medio nos ha dejado un extraño y aberrante proceso de normalización educativa. Hoy no hay maestros, si acaso profesores, o con un lenguaje más técnico-descarnado: “funcionarios del adocenamiento infantil y juvenil.” Las sucesivas reformas educativas de los gobiernos socialistas han traido un nuevo tipo de maestro, muy lejano a la figura cercana y personal, cuya autoridad manaba no tanto del puesto que ocupaba, sino del respeto que toda la comunidad sentía por su trabajo, su dedicación, cercanía y conocimiento personal, no sólo de sus alumnos, sino de sus familias, éstas compartían con él la labor educativa, manteniendo un importante punto de coincidencia: ambos familia y maestro estaban de acuerdo en que lo más importante era la educación sana, completa y suficiente para prepararlos para los retos del futuro.
El profesor de hoy ha perdido parte de esta autoridad, los padres no ven en él la figura de referencia en la educación de los hijos, una errónea idea de rechazo a toda autoridad, una generación “libertaria” ha traido unos padres reacios hacia toda figura que represente autoridad, disciplina, orden, …
La tardía entrada de nuevos valores surguidos en los años cincuenta y sesenta en EE.UU. y Europa tras la SGM, se mezcla en España con un sentimiento contrario a toda forma de autoridad, que en educación tiene su momento culminante en las protestas de mediados de los ochenta. Una reforma educativa que confunde participación en la labor educativa, de padres, profesores alumnos y personal no docente, con "asamblearismo igualitario", ha traido los lodos en los que hoy se hunde la Educación Española.
Hoy, los profesores, en pié de guerra, se rebelan en la Comunidad de Madrid por la exigencia que la consejería de educación hace, con el convenio de la enseñanza en la mano, para que los docentes públicos den dos horas más lectivas (o como dice un amigo profesor: “de tiza”), estas horas, recogidas ya en el actual convenio, veo para mi sorpresa que no se estaban dando, pero con rebaja de salario y todo, sí se estaban cobrando. No son horas “extra”, no se restan a las horas de permanencia, sencillamente por razones que todavía no alcanzo a comprender, no se impartían.
Ahora entiendo por qué cuando el año pasado su sueldo, al igual que el del resto de los funcionarios se redujo en un 5%, la queja no pasó de un simple “gruñido de desaprobación”, eran conscientes que esta reducción representaba menos que el sobre-sueldo por horas no trabajadas.
Ahora entiendo por qué cuando se les exige que cumplan con ese horario, lo cual va a redundar en un mayor ahorro de gasto público, que es lo que toca, saltan y gritan y amenazan con la huelga.
No queda otra, maestros desacreditados, despojados de la autoridad que acompañaba la importante función por ellos desarrollada, maestros educados en el “buenismo”, ellos mismos faltos de valores e ideales que transmitir a los jóvenes…
Qué lejos de aquel D. Hermógenes, él logró de sus convecinos el sencillo y perdurable agradecimiento por toda una vida dedicada a la Educación.
Mi abuelo, emigró a Madrid, trabajó duro, casó, fue lo que hoy sería un empresario emprendedor, sacó adelante a su familia y a otras empleadas por él, mi Abuelo como tantos otros creó con su trabajo parte del tejido de la empresa familiar española.
¿Qué podrán decir nuestros nietos dentro de cien años de los maestros de hoy? ¿Qué están aportando a la juventud de hoy?
No hay emprendedores en España, faltan personas arriesgadas, capaces de acometer empresas, mas faltan no porque no haya, faltan porque nadie les ha preparado para “irse a la Capital”, la vida fácil y cómoda de la juventud española, acostumbrada a tenerlo todo sin dar nada, sin que nada cueste, al dinero fácil de la vida fácil, al trabajo sin cualificar bien pagado, al esfuerzo académico no recompensado… A una alteración en suma de valores e ideales. Generación perdida entre bares y discotecas, generación que emigra, pero no a la vendimia, sino a la gran empresa. Se van los buenos queda de nuevo, una España vacía de jóvenes entusiastas y emprenderores. Recuperar ahora la educación, como vía para salvar al menos la próxima generación. Ardúa tarea cuando quien tiene que llevarla a cabo no ve más allá de sus cortas, tendenciosas e interesadas entendederas… pero de algo tiene que servir la crisis que llevamos dentro.

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